Rezo y liturgia

Tajanunim: Qué son las súplicas del rezo judío

Qué son los Tajanunim en el rezo judío, cuándo se dicen, qué es Nefilat Apaim y cómo las súplicas transforman tu interior. Clase de David Gozlan.

David Gozlan · 20 min

Tajanunim (תחנונים) son las súplicas que el judío pronuncia después de la Amidá, cuando ya ha dicho todo lo que la liturgia le pide y aun así siente que necesita más. La palabra viene de la raíz jen (חן), que significa gracia o favor: no pedimos porque merezcamos, sino porque reconocemos que solo el Creador puede ayudarnos. En Proverbios 19:26 leemos: «El que suplica lo hace cayendo sobre el rostro de su prójimo», y esa imagen del cuerpo que cae resume el espíritu de esta oración. Es el momento en que el ego se retira, las fórmulas fijas terminan y queda la voz desnuda de quien dice: «Hasta aquí llegué, a partir de ahora me pongo en Tus manos.» En este artículo recorremos el origen bíblico de los Tajanunim, su estructura litúrgica, cuándo se dicen y cuándo se omiten, y sobre todo qué ocurre dentro de quien los recita con sinceridad.


01 · De dónde vienen los Tajanunim

Moshé postrado cuarenta días

El origen más directo lo encontramos en Devarim 9:25: «Vaetnapal lifné HaShem», Moshé se postró ante el Eterno. El contexto es dramático: el pueblo de Israel ha cometido la transgresión del becerro de oro, Moshé ha bajado del Sinaí, ha roto las tablas de la Ley y ha vuelto a subir. Durante cuarenta días permanece con la cabeza en el suelo, suplicando el perdón de todo un pueblo. Esa imagen, un líder con el rostro pegado a la tierra durante cuarenta días, es el molde del que nacen los Tajanunim tal como los conocemos.

La voz del rey David

Al menos un tercio de los Tehilim son lamentos y súplicas. David explica en su clase que la grandeza de los Salmos es que abarcan todas las circunstancias de la vida: «Todo lo que te puede pasar a ti y a mí lo vamos a encontrar en el libro de los Tehilim.» El Salmo 6 pide misericordia desde el agotamiento físico, el Salmo 22 grita desde el abandono, el Salmo 51 confiesa después de la caída. Esa voz humana que pide compasión desde el límite de las fuerzas es la materia prima de los Tajanunim litúrgicos.

La oración de Janá

En el primer libro de Shemuel (1:1), Janá llora, no come y no pronuncia palabras audibles: solo mueve los labios. El Talmud en Berajot 31a extrae de su oración las leyes fundamentales de la Amidá: que se rece en voz baja, que se articulen las palabras con los labios, que la intención del corazón preceda al sonido. Janá no suplicaba con retórica, suplicaba con verdad, y por eso su rezo se convirtió en modelo.


02 · Qué es Nefilat Apaim: caer sobre el rostro

Nefilat Apaim (נפילת אפיים) significa literalmente «caída del rostro». Es el gesto central de los Tajanunim: inclinar la cabeza sobre el brazo, apoyarla y cerrar los ojos. En su forma original, el cuerpo entero tocaba el suelo, con la frente contra la tierra, en una posición de entrega total. David lo describe como Tefilat Aní, el rezo del pobre: «Ya no te queda nada, ya no te quedan fuerzas. La situación es tan devastadora que lo único que te queda es rezar. Y ese es el momento del colapso del cuerpo.»

Hoy la postración completa prácticamente no se realiza salvo en un momento de Yom Kipur. En la práctica diaria, inclinamos la cabeza sobre el brazo izquierdo (o el derecho si llevamos los tefilín en el izquierdo) y recitamos el Salmo 25 u otros textos según la tradición de cada comunidad.

¿Por qué esa posición? Porque es exactamente la contraria al orgullo. David lo ilustra con una imagen sencilla: el orgulloso camina erguido, con la cabeza alta, «yo soy, yo tengo, yo he conseguido». Nefilat Apaim rompe esa postura. Hay circunstancias en la vida, dice David, que te colocan de arriba abajo «porque tienes que entender que todo funciona gracias al Creador del mundo y nosotros solo somos herramientas».


03 · Vehú Rajum: la súplica extendida del lunes y el jueves

Los lunes y jueves, días en que se lee la Toráh en la sinagoga, los Tajanunim se amplían con un texto que comienza con las palabras Vehú Rajum yejaper avón («Y Él, misericordioso, perdona la iniquidad»). Esta versión más larga refleja la tradición de que lunes y jueves son días de mayor receptividad espiritual: Moshé subió al Sinaí un jueves y bajó un lunes, según el Talmud.

El texto de Vehú Rajum recorre temas de confesión, pedido de protección y reconocimiento de la fragilidad humana. No es una repetición mecánica: cada frase busca que quien la pronuncia articule con honestidad dónde ha fallado y desde qué lugar pide ayuda.


04 · Cuándo se dicen los Tajanunim y cuándo se omiten

Los Tajanunim se recitan en Shajarit y en Minjá, inmediatamente después de la Amidá. Pero hay días en que se omiten, y la lista es significativa porque revela un principio: cuando hay alegría, no suplicamos.

Se omiten en:

  • Shabat y festividades (Yom Tov)
  • Rosh Jódesh (comienzo de mes)
  • Janucá y Purim
  • Todo el mes de Nisán
  • Lag BaOmer
  • Del 1 al 12 de Siván
  • Tishá BeAv por la tarde
  • Erev Shabat a partir de Minjá
  • Cuando hay un novio presente en la sinagoga
  • Cuando hay una Brit Milá en el lugar

El principio es claro: los Tajanunim pertenecen a los días ordinarios, a la vida cotidiana donde la lucha interior es real y no hay fiesta que la enmascare. En cambio, en las fechas señaladas del calendario, como el mes de Elul, Rosh Hashaná y Yom Kipur, las súplicas se intensifican a través de las Selijot, que contienen los 13 atributos de misericordia.


05 · Por qué suplicamos: la teología de la humildad

El Salmo 143:2 dice: «No pongas a prueba a tu siervo, pues ningún ser viviente será justificado ante Ti.» David construye sobre este versículo una idea central: ante el Creador no existe el ego. «El Creador nos ve completamente desnudos, tal y como somos. Lo mínimo que podemos tener en las súplicas es humildad.»

Esto marca una diferencia radical con la mentalidad transaccional. No decimos «dame porque me lo merezco, porque mira qué bueno soy, que doy caridad y hago buenas acciones». Decimos: «Aunque no me lo merezca, por favor ayúdame, porque Tú, Rey del mundo, eres compasivo.»

La súplica judía no es un intercambio comercial. Es un reconocimiento de límite.


06 · Los tres niveles de la súplica

David distingue cuatro círculos concéntricos de petición, de lo más cercano a lo más elevado:

Por uno mismo. Hemos llegado al punto de quiebre. «Creador del mundo, no puedo más.» Es un acto de humildad, un reconocimiento de que existe una fuerza superior, y el comienzo de una transformación porque dentro de la súplica hay confesión: «He hecho esto mal, he hablado mal, me porté mal con el prójimo.»

Por los cercanos. Familia, amigos, alguien que necesita salud o trabajo. Cuando uno mismo está en orden, puede pedir por otros.

Por la comunidad. Recursos, energía, personas que ayuden. «Cuando uno no puede, no llega, no tiene capacidad, el Creador está a disposición siempre.»

Por la Shejiná. La tradición cabalística añade un nivel: pedir que la presencia divina repose en el mundo, porque cuando eso ocurre, el mundo se ordena. David recomienda avanzar paso a paso: primero estar bien uno, después la familia, después la comunidad, y cuando todo esté en su lugar, pedir por la presencia divina.


07 · ¿Funcionan las súplicas? Tres niveles de respuesta

Transformación interior

Reconoces tu límite. Articulas la verdad en la confesión. Abres la mano y pides ayuda. «Eso es un movimiento interior enorme, y no mucha gente es capaz de hacerlo», dice David. No vale recitar los Tajanunim a toda velocidad sin sentir que algo se mueve dentro. Hay que notarlo.

Ventana de receptividad

El Talmud en Rosh Hashaná 17b habla de rezar en el momento en que D-os «pasa» con los 13 atributos de misericordia. El calendario judío marca ventanas precisas, ni un día antes ni un día después, en que las súplicas encuentran mayor receptividad: los cuarenta días de Elul a Yom Kipur, los días de ayuno, las Selijot.

El misterio de la providencia

El Talmud en Berajot 10a cuenta que el rey Jizquiyahu estaba condenado a morir, suplicó, rezó y vivió quince años más. «Nunca sabemos qué nos depara lo que tiene que llegar», apunta David. «Solo lo sabe el Creador. Nosotros tenemos que poner todo lo que esté a nuestro alcance.»


08 · La enseñanza de Reb Najmán sobre la prueba

Reb Najmán de Breslov toca el fondo de la pregunta con una enseñanza que David cita en su clase: a veces la oración no cambia la situación exterior. ¿Por qué? Porque la situación exterior está diseñada para que lo que cambie sea tu interior.

«Muchas veces decimos: por favor, quítame esta prueba, no puedo. Pero esa prueba está destinada a cincelarte como un escultor la piedra. Y sí puedes pasarla, porque si tienes la prueba es que la puedes pasar.»

Cuando cruzas la prueba, te descubres más fuerte, más sabio, más paciente. Eso es exactamente lo que el Creador buscaba. La pregunta no es si la prueba va a llegar, sino cómo te tomas la prueba mientras la atraviesas. Y una de las herramientas para atravesarla son los Tajanunim. Quien quiera profundizar en la relación entre prueba y crecimiento interior puede leer sobre el Tikún HaKlalí y los diez salmos de reparación que Reb Najmán dejó como camino de esperanza.


09 · Cómo recitar los Tajanunim paso a paso

Para quien se acerca por primera vez, David propone un camino gradual. No se trata de memorizar todo el texto ni de recitarlo cada día desde el primer momento, sino de entender qué pone y qué puede transformar en tu interior.

  1. Lee el texto en español. Antes de intentar decirlo en hebreo, comprende cada frase. ¿Qué estás confesando? ¿Qué estás pidiendo? ¿Desde qué lugar?
  2. Adopta la posición. Inclina la cabeza sobre el brazo. Cierra los ojos. Siente el peso del cuerpo cediendo. Esa posición física tiene un efecto directo sobre la actitud interior.
  3. Recita con lentitud. Cada palabra de la confesión (Vidui) nombra un área donde pudiste haber fallado, voluntaria o involuntariamente. No la saltes: reconocer que no somos perfectos nos hace más humanos.
  4. Permite el silencio. Después de las palabras, quédate un momento en la posición. No corras al siguiente rezo. Ese silencio es parte de la súplica.

Preguntas frecuentes

¿Qué son los Tajanunim en el rezo judío?

Tajanunim (תחנונים) son las súplicas que se recitan después de la Amidá en Shajarit y Minjá. La palabra viene de la raíz jen (gracia): pedimos al Creador Su favor aunque no lo merezcamos. Incluyen confesión, petición de misericordia y el gesto de Nefilat Apaim (inclinar el rostro).

¿Qué es Nefilat Apaim y cómo se hace?

Nefilat Apaim significa «caída del rostro». Se inclina la cabeza sobre el brazo izquierdo (derecho si se llevan tefilín en el izquierdo), se cierran los ojos y se recita el Salmo 25 u otro texto según la tradición. En su origen era una postración completa con la frente en el suelo.

¿Cuándo no se dicen los Tajanunim?

Se omiten en Shabat, festividades, Rosh Jódesh, Janucá, Purim, todo el mes de Nisán, Lag BaOmer y cuando hay un novio o una Brit Milá en la sinagoga. El principio es que en días de alegría no se suplica.

¿Los Tajanunim son una fórmula mágica para conseguir lo que pido?

No. El judaísmo no presenta la súplica como un intercambio. David lo explica con claridad: «No es que yo pido y se me da. Lo que sí existe es que yo entiendo para qué sirve cada rezo y que sobre todo me va a transformar en mi interior.» El objetivo es la transformación, no la transacción.

¿Puedo decir los Tajanunim en español si no sé hebreo?

Sí. Lo esencial es comprender qué estás diciendo y sentirlo. David recomienda empezar leyendo el texto en español para entender cada frase antes de intentar la versión hebrea.


10 · Toda la liturgia enseña a estar presente

David cierra su clase con una idea que conecta los Tajanunim con el propósito de toda la liturgia judía: «El objetivo es que nuestro interior esté transformado en algo más elevado que puro instinto animal. Que sepamos ver que una persona sufre y estemos con esa persona. Que si mi hijo me necesita y necesita hablar conmigo, yo esté para él y esté presente. No que esté a su lado con el móvil: presente.»

Los Tajanunim no son un trámite litúrgico. Son el momento del rezo en que dejas de recitar y empiezas a hablar de verdad.

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