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Parashá de la semana · Klalá maldición judaísmo

Klalá: El poder de maldecir según la Toráh

El peso real de la lengua que hiere

¿Qué dice la Toráh sobre maldecir? Descubre por qué la palabra tiene peso espiritual real, qué enseña el Talmud sobre Klalá y cómo protegerte. Guía completa.

Por David Gozlan ·

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Klalá (קְלָלָה) es el término hebreo para maldición — el acto de desear daño a otra persona a través de la palabra. En la tradición judía, maldecir no es simplemente "decir algo feo": es un acto espiritual con peso real que la Toráh prohíbe explícitamente, incluso cuando la persona maldecida no puede escucharte. La prohibición bíblica "Lo tekalel jeréish" — "No maldecirás al sordo" (Vayikrá 19:14) — revela que el daño de la maldición no depende de que el otro la reciba, sino de lo que hace en el alma de quien la pronuncia.

Este artículo explora lo que el Sefer HaMidot del Rebe Najmán recoge en su entrada Klalá (letra Kuf, p. 302), junto con las fuentes del Talmud, el Zohar y la halajá, para entender por qué la Toráh toma tan en serio el poder destructivo de la palabra — y qué hacer para reparar cuando ya se ha dicho lo que no debía decirse.


01 · "Que se te seque la mano": las maldiciones que decimos sin pensar

"Que te vaya mal." "Ojalá te pase lo mismo." "Maldito seas." Palabras que se escapan en un momento de rabia, casi sin pensar. En la cultura hispana — y especialmente en Latinoamérica — las maldiciones casuales son parte del paisaje cotidiano: desde la abuela que dice "te vas a quedar solo" hasta el conductor que maldice al que le cerró el paso. La Toráh no las toma a la ligera. Lo que para nosotros es "una forma de hablar", para la tradición judía es un acto con consecuencias espirituales reales — no porque exista una fórmula mágica que se active al pronunciar ciertas palabras, sino porque la palabra humana, en la cosmovisión de la Toráh, tiene un poder creador que no se apaga cuando la usamos para destruir.

Muchos crecimos escuchando o incluso diciendo maldiciones casuales: a un hijo en un momento de exasperación, a una pareja en plena discusión, a nosotros mismos en frustración. "Soy un inútil." "No sirvo para nada." Eso también es Klalá. Y la Toráh enseña que no es solo una forma de hablar.


02 · ¿Qué dice la Toráh sobre maldecir? Las dos prohibiciones bíblicas

La prohibición de maldecir al sordo

La primera fuente bíblica es sorprendente por su formulación:

"Lo tekalel jeréish"
"No maldecirás al sordo."
— Vayikrá (Levítico) 19:14

A primera vista parece un mandamiento extraño. ¿Por qué prohibir maldecir específicamente a alguien que ni siquiera puede escucharte? Si la prohibición fuera solo sobre el daño emocional — sobre herir los sentimientos del otro — no tendría sentido prohibirlo con el sordo. Él no se entera.

Pero la Toráh lo prohíbe igual. Y ahí está la clave de todo el tema.

La razón es profunda: el acto de maldecir no depende de que la otra persona lo reciba. La maldición, en la cosmovisión de la Toráh, tiene una realidad propia, independiente de si el otro la escucha o no. Es un acto que transforma a quien la pronuncia, que compromete su alma, que abre una grieta en su relación con el Creador — incluso si no le llega a nadie más.

La prohibición de maldecir al juez

La segunda fuente amplía el alcance:

"Elohim lo tekalel"
"No maldecirás a Elohim."
— Shemot (Éxodo) 22:27

En un primer nivel de lectura, esto suena a prohibición de blasfemia. Pero el Talmud, en Sanhedrín 66a, junto con el Targum Onkelos, enseña algo distinto: en este contexto, "Elohim" no se refiere a HaShem, sino al juez, a la autoridad. El versículo prohíbe maldecir a quienes tienen función de autoridad — jueces, líderes comunitarios, maestros.

El principio universal que emerge

De estas dos prohibiciones — maldecir al sordo (que no escucha) y maldecir al juez (que representa autoridad) — los Sabios del Talmud extienden el principio a cualquier persona de Israel:

  • Si está prohibido maldecir al sordo que no escucha → la prohibición no depende de que el otro se entere
  • Si está prohibido maldecir al juez que representa autoridad → la prohibición no depende del estatus de la persona
  • Entonces está prohibido maldecir a cualquiera — esté despierto o dormido, presente o ausente, te escuche o no
  • El Rambam (Hiljot Sanhedrín 26:1) codifica esta prohibición como un lav (mandamiento negativo) de la Toráh, aplicable a toda persona judía.


    03 · ¿Qué enseña el Sefer HaMidot sobre Klalá?

    El Sefer HaMidot del Rebe Najmán recoge en la letra Kuf (ק), entrada Klalá (p. 302), varias enseñanzas condensadas sobre la maldición. El estilo telegráfico del libro requiere desempacar cada línea:

    Las enseñanzas centrales

  • La maldición del sabio se cumple incluso si es condicional. El Talmud (Berajot 56a, Makot 11a) enseña que las palabras de un Tzadik o un Talmid Jajam tienen un peso especial. Reb Najmán recoge este principio no para asustar, sino para recordar que las palabras de quienes tienen autoridad espiritual llevan una carga mayor.
  • La maldición inmerecida no se posa. Basado en Mishlé (Proverbios) 26:2: "Como el pájaro que vuela, como la golondrina que pasa, así la maldición sin causa no llegará." Esto significa que si alguien te maldice sin razón, la maldición no tiene dónde aterrizar. No tiene "gancho" espiritual del cual agarrarse.
  • Quien maldice a otro termina siendo maldecido. El Sefer HaMidot recoge el principio talmúdico de que la maldición injusta regresa a quien la pronunció. No como venganza divina, sino como consecuencia natural: el acto de maldecir abre en ti la puerta que intentaste abrir en el otro.
  • La conexión entre maldición y pobreza. Varias líneas vinculan el hábito de maldecir con la pérdida de sustento (parnasá). La boca que maldice cierra los canales de bendición que la misma boca podría abrir.
  • "La muerte y la vida están en el poder de la lengua."
    — Mishlé (Proverbios) 18:21

    04 · ¿Por qué la palabra tiene poder real según el judaísmo?

    El mundo fue creado con palabras

    Para entender por qué la Toráh toma tan en serio la maldición, hay que entender cómo concibe la tradición judía el poder de la palabra.

    D-os creó el mundo hablando. "Vayomer Elohim yehi or, vayehi or" — "Y dijo D-os: haya luz, y hubo luz" (Bereshit 1:3). El acto creador fundamental del universo es un acto de habla. Las palabras no describen la realidad — la crean.

    El ser humano, creado betzelem Elohim (a imagen de D-os), hereda una versión de ese poder. No al mismo nivel, pero sí en la misma dirección: nuestras palabras tienen capacidad de construir y de destruir.

    El Zohar (Parashat Bereshit) enseña que cada palabra pronunciada por un ser humano crea una entidad espiritual — un "ángel" o un "demonio" según la naturaleza de lo dicho. Una bendición crea un mensajero de bien. Una maldición crea un mensajero de daño.

    "Cada palabra que sale de la boca del hombre no se pierde en el vacío. Sube y se presenta ante el Santo, Bendito Sea, y genera una fuerza — para bien o para mal."
    — Zohar, Parashat Bereshit

    Esto no es magia. Es la consecuencia natural de vivir en un universo creado por la palabra.

    La diferencia crucial con la hechicería

    Aquí hay un punto que es esencial aclarar, y que ya exploramos en profundidad en el artículo sobre Kishuf: la hechicería en la Toráh.

    La Toráh no enseña que existan fórmulas mágicas de maldición que cualquiera pueda activar con palabras rituales. Eso pertenece al mundo de Kishuf — la hechicería — que está terminantemente prohibida. Lo que la Toráh enseña sobre Klalá es distinto:
  • No es que la maldición "funcione" como un hechizo sobre el otro
  • Es que desear daño a otro con intención no es un acto neutro
  • Compromete espiritualmente a quien lo pronuncia
  • Deteriora la cualidad del alma de quien habla
  • Cierra canales de bendición que estaban abiertos
  • La diferencia entre Klalá y Kishuf es la diferencia entre el poder natural de la palabra humana (que la Toráh reconoce) y la manipulación sobrenatural (que la Toráh prohíbe). Maldecir no es magia — es peor: es usar tu poder creador divino para destruir.


    05 · Klalá y Lashón HaRá: la familia del habla dañina

    ¿Cuál es la diferencia entre maldecir y hablar mal?

    La tradición judía identifica varias categorías de habla dañina, y es importante distinguirlas:

  • Klalá (maldición): desear daño explícito a alguien. "Que te vaya mal", "ojalá fracases".
  • Lashón HaRá (lengua malvada): hablar mal de alguien diciendo algo verdadero pero innecesario. "¿Sabías que fulano debe dinero a todo el mundo?"
  • Rejilut (chisme): llevar información de una persona a otra para generar conflicto. "¿Sabes lo que dijo de ti?"
  • Motzi shem rá (difamación): hablar mal de alguien diciendo algo falso.
  • Onaát devarim (agravio verbal): palabras que hieren directamente al interlocutor. "Con razón nadie te quiere."
  • Todas estas categorías están prohibidas. Pero la Klalá tiene una dimensión adicional: no solo daña la relación entre personas — daña la relación del hablante con HaShem, porque implica usar el poder de la palabra (que es un regalo divino) en la dirección exactamente opuesta a su propósito.

    El Jafetz Jayim (Rabí Israel Meir Kagan), que dedicó su vida a enseñar sobre Shmirat HaLashón (el cuidado de la lengua), escribió:

    "Quien cuida su lengua, cuida su alma. Quien suelta su lengua sin freno, abre la puerta a todas las desgracias."
    — Jafetz Jayim, Shmirat HaLashón, Introducción

    06 · Las maldiciones que nos decimos a nosotros mismos

    ¿Es Klalá maldecirse a uno mismo?

    Hay una dimensión de este tema que casi nunca se discute: las maldiciones que nos lanzamos a nosotros mismos.

    "Soy un desastre." "No sirvo para nada." "Nunca voy a poder." "Me lo merezco." "Soy un fracaso."

    Estas frases, que muchos repetimos casi como respirar, son una forma de Klalá dirigida hacia adentro. Y la Toráh las toma igual de en serio.

    El Talmud (Berajot 55b) enseña que las palabras que pronunciamos sobre nosotros mismos tienen un poder particular, porque no hay distancia entre el hablante y el receptor — la maldición llega sin filtro.

    Reb Najmán de Breslev insistía en una práctica opuesta: buscar los puntos buenos en uno mismo (azamrá, Likutey Moharán I, 282). No como autoengaño, sino como antídoto espiritual contra la Klalá interior. Si la maldición destruye, la bendición — incluso la que te dices a ti mismo — construye.

    "Si crees que puedes destruir, cree que puedes reparar."
    — Rebe Najmán de Breslev, Likutey Moharán II, 112

    07 · ¿Qué pasa si alguien te maldijo?

    Cómo responder a una maldición recibida

    Esta es una de las preguntas más frecuentes, especialmente en comunidades donde la superstición del "mal de ojo" está muy arraigada. La tradición judía ofrece una respuesta clara y sorprendentemente liberadora:

    Si la maldición es inmerecida, no tiene poder sobre ti.
    "Kirzpor lanud, kidror la'uf, ken killelat jinam lo tavó."
    "Como el pájaro que vuela, como la golondrina que pasa, así la maldición sin causa no llegará."
    — Mishlé (Proverbios) 26:2

    Este versículo es la base de la postura halájica: una maldición necesita un "gancho" espiritual para posarse. Si la persona maldecida no ha hecho nada que justifique ese daño, la maldición no tiene dónde aterrizar. Vuela y se va — o regresa a quien la pronunció.

    ¿Qué hacer entonces?

  • No devolver la maldición. Responder con otra maldición te pone al mismo nivel y abre las mismas grietas en tu alma.
  • Hacer Teshuvá personal. No porque la maldición del otro "funcione", sino porque cualquier momento es bueno para revisar tus propios actos y cerrar posibles "ganchos".
  • Rezar por quien te maldijo. El Talmud (Berajot 10a) relata que cuando Bruria, la esposa de Rabí Meir, le sugirió rezar por la Teshuvá de quienes lo perseguían en lugar de rezar por su destrucción, él la escuchó — y los perseguidores se arrepintieron.
  • Fortalecer tu Emuná. La mejor protección contra cualquier fuerza negativa es la conexión genuina con HaShem. No como escudo mágico, sino como realidad: quien vive conectado al Creador vive en un espacio donde la maldición no tiene jurisdicción.

  • 08 · La Berajá como antídoto: el poder inverso de bendecir

    ¿Puede una bendición reparar una maldición?

    Si la maldición destruye, la Berajá (bendición) construye. Y la tradición enseña que la bendición es siempre más fuerte que la maldición.

    El ejemplo bíblico más poderoso es la historia de Bilam (Bamidbar/Números 22-24). Balak, rey de Moav, contrata al profeta gentil Bilam para maldecir al pueblo de Israel. Bilam llega con toda la intención de maldecir — y de su boca salen las bendiciones más hermosas de toda la Toráh:

    "Ma tovu ohaleja Yaakov, mishkenoteja Israel."
    "Qué hermosas son tus tiendas, Yaakov, tus moradas, Israel."
    — Bamidbar (Números) 24:5

    Esta frase, que nació como maldición frustrada, se convirtió en la oración que abre cada día de rezo judío. Cada mañana, al entrar a la sinagoga, decimos las palabras que Bilam quiso usar para destruir y que HaShem transformó en bendición.

    La lección es clara: la bendición siempre gana. Cuando eliges bendecir en lugar de maldecir — a tu hijo, a tu pareja, a tu vecino, a ti mismo — estás usando tu poder creador en la dirección correcta.

    Algunas prácticas concretas:

  • Bendice a tus hijos cada Shabat. La tradición de poner las manos sobre la cabeza de los hijos y bendecirlos el viernes por la noche es un antídoto semanal contra toda Klalá.
  • Sustituye la maldición por silencio. Cuando sientas el impulso de maldecir, calla. El silencio no crea ángeles destructores.
  • Sustituye el silencio por bendición. Cuando puedas, da un paso más: donde ibas a maldecir, bendice. "Que te vaya bien" tiene el mismo peso espiritual que "que te vaya mal" — pero en la dirección opuesta.

  • 09 · El "mal de ojo" (Ayin HaRá): ¿qué dice realmente la tradición?

    ¿Existe el mal de ojo según el judaísmo?

    Este tema merece mención porque en la cultura hispana y sefardí el "ojo" es omnipresente. La tradición judía sí reconoce el concepto de Ayin HaRá (עַיִן הָרָע), pero de una forma muy diferente a la superstición popular.

    El Talmud (Bava Metziá 107b) dice que el 99% de las muertes en el cementerio son por Ayin HaRá — una afirmación que, tomada literalmente, parece absurda. Los comentaristas explican que se refiere a la envidia: la mirada envidiosa que desea lo que el otro tiene, o que se resiente de su éxito.

    El Ayin HaRá no es un rayo mágico que sale de los ojos de alguien. Es la fuerza espiritual de la envidia — y esa sí es real y destructiva, tanto para quien la siente como para quien la recibe.

    La mejor protección, según la tradición, no es un amuleto ni un hilo rojo — es la humildad y la discreción. Yaakov Avinu instruyó a sus hijos a no exhibirse cuando entraron a Egipto (Taanit 10b). No porque temiera la magia, sino porque sabía que la ostentación atrae la envidia, y la envidia genera fuerzas destructivas.


    10 · Teshuvá por haber maldecido: cómo reparar

    ¿Se puede reparar una maldición ya pronunciada?

    Sí. La tradición ofrece un camino claro de reparación:

  • Retractarse verbalmente. Si maldijiste a alguien, la primera acción es anular esas palabras con palabras nuevas. Decir explícitamente: "Retiro lo que dije. No deseo eso para ti. Que HaShem te bendiga." Esto no es una fórmula mágica — es un acto de Teshuvá que usa el mismo instrumento (la palabra) para reparar.
  • Pedir perdón a la persona. Si la persona escuchó la maldición, la halajá requiere pedirle perdón directamente, como con cualquier aveirá bein adam lajaveró (transgresión entre personas). El Rambam (Hiljot Teshuvá 2:9) establece que las transgresiones entre personas no se perdonan en Yom Kipur hasta que se pide perdón al afectado.
  • Hacer Teshuvá ante HaShem. Porque la Klalá no solo daña al otro — daña tu propia alma. El proceso de Teshuvá incluye reconocer el error, arrepentirse genuinamente y comprometerse a no repetirlo.
  • Dar Tzedaká. Como en muchas áreas de reparación espiritual, la caridad tiene el poder de "endulzar los juicios" (hamtakat hadinim). Dar tzedaká en nombre de la persona que maldijiste es un acto de reparación poderoso.
  • Rezar por esa persona. La forma más elevada de reparación: transformar la maldición en su opuesto. Donde deseaste mal, ahora deseas bien. Donde destruiste con la boca, ahora construyes.
  • "La principal Teshuvá es cuando la persona escucha su humillación y calla."
    — Rebe Najmán de Breslev, Likutey Moharán I, 6

    11 · Práctica de la semana

    Esta semana, presta atención a tres niveles de Klalá en tu vida:

  • Hacia otros. ¿Hay maldiciones casuales que se te escapan en momentos de rabia? En el tráfico, en una discusión, hacia alguien que te hizo daño. Nota cuántas veces usas la lengua como arma sin darte cuenta del peso real que la Toráh le atribuye.
  • Hacia ti mismo. ¿Cuántas veces al día te dices "soy un desastre", "no puedo", "no sirvo"? Cada una de esas frases es Klalá dirigida al blanco más vulnerable: tú mismo.
  • La sustitución. La próxima vez que sientas el impulso de maldecir — a otro o a ti mismo — prueba sustituirlo. Primero con silencio. Y cuando puedas, con una bendición, aunque sea forzada. "Que te vaya bien" dicho con los dientes apretados sigue siendo una bendición. Y con el tiempo, los dientes se aflojan.
  • Recuerda lo que enseña la tradición sobre el poder de las palabras en la súplica: la misma boca que puede destruir es la que puede sanar. El instrumento es el mismo. La dirección la eliges tú.


    Preguntas frecuentes

    ¿Está prohibido maldecir según la Toráh?

    Sí. La Toráh prohíbe explícitamente maldecir en Vayikrá 19:14 ("No maldecirás al sordo") y Shemot 22:27 ("No maldecirás al juez"). Los Sabios del Talmud extienden esta prohibición a cualquier persona, esté presente o ausente, te escuche o no. El Rambam lo codifica como un mandamiento negativo (lav) de la Toráh.

    ¿Las maldiciones realmente funcionan según el judaísmo?

    La Toráh no enseña que las maldiciones sean hechizos mágicos que se activan automáticamente. Lo que enseña es que la palabra humana tiene peso espiritual real: maldecir compromete el alma de quien habla y cierra canales de bendición. Según Mishlé 26:2, una maldición inmerecida "no llegará" — necesita un "gancho" espiritual para posarse.

    ¿Cómo protegerse de una maldición o del mal de ojo?

    La tradición judía no recomienda amuletos ni rituales mágicos como protección. La mejor defensa es la Emuná (fe genuina), la humildad, la discreción y la Teshuvá personal. Según el Talmud (Berajot 10a), rezar por quien te maldijo es más poderoso que cualquier escudo.

    ¿Se puede reparar una maldición ya dicha?

    Sí. El camino incluye retractarse verbalmente, pedir perdón a la persona afectada, hacer Teshuvá ante HaShem, dar Tzedaká y rezar por la persona maldecida. Usar la misma boca que maldijo para bendecir es la forma más elevada de reparación según la tradición jasídica.

    ¿Es Klalá maldecirse a uno mismo?

    Sí. Frases como "soy un desastre" o "no sirvo para nada" son una forma de Klalá autodirigida. El Talmud (Berajot 55b) enseña que las palabras sobre uno mismo tienen poder particular porque no hay distancia entre hablante y receptor. Reb Najmán enseñó la práctica de Azamrá — buscar los puntos buenos en uno mismo — como antídoto.


    Fuentes

  • Vayikrá (Levítico) 19:14 — "Lo tekalel jeréish"
  • Shemot (Éxodo) 22:27 — "Elohim lo tekalel"
  • Mishlé (Proverbios) 18:21 — "La muerte y la vida están en el poder de la lengua"
  • Mishlé (Proverbios) 26:2 — la maldición sin causa no llega
  • Bamidbar (Números) 24:5 — "Ma tovu ohaleja Yaakov"
  • Talmud Bavlí, Sanhedrín 66a — "Elohim" como juez
  • Talmud Bavlí, Berajot 10a — Bruria y Rabí Meir
  • Talmud Bavlí, Berajot 55b — el poder de las palabras sobre uno mismo
  • Talmud Bavlí, Bava Metziá 107b — Ayin HaRá
  • Zohar, Parashat Bereshit — la palabra crea entidades espirituales
  • Rambam, Hiljot Sanhedrín 26:1 — prohibición de maldecir
  • Rambam, Hiljot Teshuvá 2:9 — perdón entre personas
  • Jafetz Jayim, Shmirat HaLashón — el cuidado de la lengua
  • Sefer HaMidot, letra Kuf, entrada Klalá (p. 302, ed. español)
  • Likutey Moharán I, 282 — Azamrá
  • Likutey Moharán I, 6 — Teshuvá y silencio
  • Likutey Moharán II, 112 — "Si crees que puedes destruir..."
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    David Gozlan

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